Sus estampleidosos pasos no sólo movilovían sus preciosos y destertubiertos penpelios, sino que ya dentro de mí la amaloquía comenzaba su impaclante revolumiento. Descubierto a sus ojos, le fue fácil leiquetitarse de que el rose de sus antelosusos con los míos era suficiente para repalestar el preciso cunto que la gipersemía. Tumbé el libro para dejar rocarisar la punta de mis dedos por el cielible camino que levantaba las calozoritijas, y me las acercó sin titubear; todo tan natural: la humedad, la novela, nuestros penpelios, la metaleiquitación. Final y nuevamente la humedad con sus desflictivos otros lados.
sábado, noviembre 03, 2007
Sus estampleidosos pasos no sólo movilovían sus preciosos y destertubiertos penpelios, sino que ya dentro de mí la amaloquía comenzaba su impaclante revolumiento. Descubierto a sus ojos, le fue fácil leiquetitarse de que el rose de sus antelosusos con los míos era suficiente para repalestar el preciso cunto que la gipersemía. Tumbé el libro para dejar rocarisar la punta de mis dedos por el cielible camino que levantaba las calozoritijas, y me las acercó sin titubear; todo tan natural: la humedad, la novela, nuestros penpelios, la metaleiquitación. Final y nuevamente la humedad con sus desflictivos otros lados.
lunes, octubre 29, 2007
Descripción de la primera amaloquía
jueves, octubre 25, 2007
Y si la fantasía es parte de la realidad puede que aquella sea parte de esta, anda tú a saber cuál es la que es y la que no y si es que no es lo mismo
Julio Cortázar
Ring, ring. Ring, ring.
-¿Aló?
-¿Paulo Saldivar?
-Sí, ¿quién es?
-Soy la mujer con quien te vas a casar.
El lado visible de la duplicidad (historia yacente del otro lado)
Roberto quedó paralizado en ese ambiente alucinójeno ante su creación literaria. Le dio por remover las docenas de folios que contenían las ideas básicas de su novela. Se dispueso, torpemente, a recordarse a sí mismo solo, como Oliveira, hasta el punto de fundirse con en el absurdo más tajante de tirarse por la ventana.
Sonó el teléfono, pasaron unos minutos y ella le colgó. No aguantaba que le disgustara la idea de salir con sus amigas. Le dijo que se quedaría en casa, leyendo; no obstante entre líneas quedó dicho que la esperaba para el momento preciso en que un abrazo le resolvería toda duda.
Recostado en el sillón de felpa, drogado. Sobre el buró, un viejo maniquí, trae puesta la peluca azul, parece que respira. Sofía me ha colgado el teléfono, me reafirma la soledad, que incrementa. Y sólo me queda la terrible idea de lanzarme por la ventana. Desaparecer, que suceda lo que no veré, el crujido de mis huesos chocando rotundamente contra el concreto. Fundirme en la atmósfera del no pensamiento, con la figura destrozada, desescrita, como los restos de una letra que ha perdido su sentido. Y allí desde la nada tendrán que aprender a interpretar el silencio, cosa que de antemano, sé que no harán.
La duplicidad del lado invisible (historia adyecente de este lado)
Roberto quedó paralizado en ese ambiente alucinógeno ante su creación literaria. Le dio por remover las docenas de folios que contenían las ideas básicas de su novela. Se dispueso, torpemente, a recordarse a sí mismo solo, como Oliveira, hasta el punto de fundirse con en el absurdo más tajante de tirarse por la ventana.
Sonó el teléfono, pasaron unos minutos y ella le colgó. No aguantaba que le disgustara la idea de salir con sus amigas. Le dijo que se quedaría en casa, leyendo; no obstante entre líneas quedó dicho que la esperaba para el momento preciso en que un abrazo le resolvería toda duda.
Sofía, enfundada en sus finas vestimentas, bajó por las escaleras del edificio con Rebecca, de quien no podría prescindir el placer de calentar sus pezones con la tibia y húmeda lengua. Entre risas vulgares y ligeros cortejos, se tocaban lascivamente los cuerpos por el oscuro callejón, en busca de Julieta, testigo y cómplice de sus dulces deseos.
Adorno
-Qué extraño que hayas utilizado esa palabra, adorno.
-¿Por qué?
-Dos razones: una, no es un adorno, sino una obra de arte; dos, hay un filósofo que se llamó Theodor W. Adorno.
-¿Y eso qué?
-Bueno, pues cuando dijiste “adorno”, no pude evitar recordar lo que pensaba él sobre el arte. Para él, el arte es una especie de razón, imagínate, decía que cada obra de arte es coherente en sí, porque cada una de ellas, es el resultado de una construcción racional. Cada obra es autónoma, en sí misma está cimentada. ¿Paradójico, no?
-Estúpido, sí. Paradójico, no.
-Puede ser, aunque si tu propia estupidez es la que te enseñó a distinguir lo que es de lo que no, dudo mucho que lo sea.
-¿Qué?
-A eso me refería.
viernes, octubre 19, 2007
Intuición estética entre intuiciones estéticas número indescifrable
domingo, mayo 27, 2007
Put on your mask first, then help the one beside you
domingo, mayo 13, 2007
Anticuento
Hallé que existía en mí una tendencia por llegar a una conclusión inmediata, sin haber siquiera empezado a razonar. Un sentimiento de incapacidad mental, un saber: no eres capaz de llevar a cabo tan inmensa empresa. Que el ¿para qué soy? no es un: para resolverlo.
Anterior a esas preguntas existía un deseo de expresar una idea, y para hacerlo quise limitarla a la narración de un cuento, porque en ellos se dicen las cosas de otra manera. Se le permite al lector llegar a ellas por un camino imaginario, hecho para ello.
Al construir un camino, el autor es capaz de volver al principio: ha dejado un rastro; ¿pero qué es lo que pasa cuando olvida lo que un camino es y le es imposible reconocerlo? Muda obviedad.
La intención inicial era decir que un narrador no es un dios, sino un hombre. Y esa condición le hace propenso a una vasta cantidad de accidentes, que, muda obviedad.
sábado, mayo 12, 2007
Relato del testigo
He visto cómo el hombre se ha ido transformado en un cazador de la nada, del vacío, de lo hueco. Mis ocho ojos podrán mentirme; pero mis pensamientos trascendentales jamás. He sido testigo, aunque quizá de manera fantástica, de cómo el ser ese que se llama a sí mismo humano ha dejado de ser lo que era y se ha convertido en todo lo que en un principio detestaba. Era costumbre ver a mis hermanas morir pisoteadas por uno de ellos mientras corrían para atrapar comida. Ahora he visto a algunas perecer aplastadas mientras corren para atrapar un pedazo de plástico que llaman pelota. Y allí dentro de la pelota no hay nada, parece ser que sólo ganan una pizca de ausencia de aburrimiento, a lo que le dicen diversión o entretenimiento. Y yo los veo a todos desde aquí, con mis ocho pequeños ojos, van persiguiendo y peléandose por pedazos de vacío, de diversión; pero han perdido todo fin real. Si se hacen una pregunta, parecen olvidarla porque deciden no pensar en cómo responderla, prefieren hacer algo que les traiga algo de material, algo pragmático, productivo, productos vacíos. Mientras el bufón del vacío los entretenga, ellos se sienten como reyes en su palacio. Y no hay quién los saque de su aparentemente divertida vida. Le dicen divertida porque no conocen la verdadera diversión; y trabajan arduamente por conseguir algo inalcanzable: completamente deshumanizado. Ya quisiera ver yo a todos los delfines del océano frente a un televisor todo el día y soñando con él durante la noche, ver a todos los peces ir de compras porque quieren un zapato, ver a una manada de avestruces pagar por sólo mirar un juego de pelota. Parece absurdo que lo haga cualquier otro ser vivo, menos el hombre; no obstante esto sucede por aquello de lo que he sido testigo. Y me preocupa, porque es como el idiota del salón que por uno la llevan todos.
viernes, mayo 11, 2007
Amíquémeimportismo
Diez años después, la noticia soy yo.
jueves, mayo 10, 2007
Contradictio in adjecto
martes, mayo 08, 2007
Noticia tardía tardía, todavía tardía
En Nanders (Tirol) falleció, el 10 de Julio, el escultor ciego José Kleinhaus. Ciego desde los cinco años a consecuencia de la viruela, empezó a tallar, por aburrimiento. Prugg le dirigía, dándole figuras a imitar, y a los doce años esculpió un Cristo de tamaño natural. En el taller del escultor Nissl, en Fügen, aprovechó mucho en corto tiempo, y empezó a ser conocido, a causa de sus buenas dotes y su talento, como escultor ciego. Sus trabajos son numerosos: sólo sus Cristos llegan a cuatrocientos y en ellos se revela su maestría, a pesar de su ceguera. Hizo otras muchas obras de valor, entre ellas, hace dos meses, el busto del Kaiser Francisco José, que ha sido enviado a Viena.
domingo, mayo 06, 2007
El sonriente debe interpretar
viernes, mayo 04, 2007
De las cosmogonías
Y quien diga que no hay causa, demuestra que la hay. Precisamente porque debe haber una causa para que diga que no la hay.
jueves, mayo 03, 2007
Recuento de sueños
Si se intenta hacer un recuento de cuántas veces se ha despertado en la vida, inmediatamente se llegará a la conclusión de que sería una tarea ardua, que sería interesante saberlo; pero luego de una corta reflexión, se entenderá que no merece la atención ni la energía tan valiosa del cuerpo intentar obtener dicha información.
Para en lo que a mí respecta, puedo decir, partiendo del hecho de que no sé cuántas veces durante la vida –si es que es en realidad vida- he salido de algún estado letárgico, que cada vez que despierto es como si volviese a nacer. Lo prueba el hecho de que al despertar pierdo gran parte de la memoria de cuanto ha pasado en mis sueños –y quizá cuando no había nacido, soñaba-. Es decir, que mientras no se está en la vigilia, lo más seguro –no fundado lógicamente- es que estemos soñando. Pero a veces recuerdo algunas cosas; y ellas me dicen que estoy en tal o cual día, que me llamo Oscar o Borges, o a veces que no tengo un nombre.
En algunos sueños se me presentan objetos o acciones que me hacen recordar sin esfuerzo sueños anteriores, por ello siento que los objetos –cualesquiera que sean- son verdadera y solamente un objeto: un espejo. Surgen muchos problemas al verme reflejado, porque precisamente si hay un solo objeto y ese objeto sólo refleja, entonces se llega fácilmente a la conclusión de que yo soy objeto también. Sin embargo, esto no es cierto, porque desde nuestro “ser objeto”, también “somos sujeto”. Que ello quede claro. Si ello no queda claro, el lector quedará propenso a estar perdido en un laberinto de espejos y le será imposible salir, a menos claro que se esfuerze un poco y comprenda eso que se llama subjetividad. Aunque parece muy claro el asunto hasta ahora, no se debe olvidar que lo que se ha explicado ha sido gracias a lo que la memoria me ha permitido recordar, es decir, lo que el sueño me ha permitido pensar(sólo pido cautela a no confiar de más en lo que puede ser canción). Por experiencia propia se sabrá que es imposible controlar lo que se hace en un sueño, incluso cuando se halla uno dentro de lo que llaman un sueño lúcido. Esa lucidez me suena a falsedad, precisamente porque se está en un sueño, y el sueño mismo puede hacernos soñar que estamos conscientes en lo que ordinariamente se cree una imposibilidad estarlo –he aquí la prueba de la existencia de otro sentido más, además de los cinco conocidos-.
En este estado letárgico en específico, la cosmogonía que me ha sido dada(quizá reflejada) permite que describa lo que pienso a través de significantes, es decir, palabras; pero mañana –o ayer-, cuando despierte nuevamente, me dice la misma visión del cosmos que todo será distinto. Que llevaré otro nombre y distintos conocimientos, este escrito me será olvidado y completamente incomprensible. Seré lo que he sido y lo que he sido seré, infinitamente y en todo momento de todo lugar. Entiéndase que no se puede entender cómo ha sido que la circunferencia que no está en ninguna parte y tiene su centro en todos lados me ha tomado preso, y mi sentencia es ser sacudido a una velocidad inimaginable. Tan inimaginable que está siempre la ilusión de que permanezco inmóvil. ¡Mentira infinita!
El fuego siempre me tranquiliza. Enciendo una vela y su llama, tanquila, de alguna manera me ayuda a olvidar que estoy siendo agitado. Me gusta pensar que al cerrar los ojos el fuego se queda detrás de mis párpados y no allí, en la vela. Entonces cuando los abro de nuevo sale la lumbre de mis ojos y encienden la oscuridad. Las más de las veces no sé si esa oscuridad es el comienzo o el fin de otro sueño; pero es fácil saberlo, tan sólo basta recordar lo que se recuerda y saber que no se ha perdido la memoria –así de fácil parece; pero desde aquí es absurdo rezarle a la memoria para que no nos olvide-.
Si la memoria me llegase a olvidar, ¿qué sería de mí? Dejaría de ser lo que soy; pero que sin embargo, volveré a ser y seré siempre. ¡Terrible! Y si en algún otro sueño le rezo es porque he olvidado el absurdo que es hacerlo. ¡Terrible!
El fuego que contengo detrás de mis párpados jamás se apacigua, aunque es lógico pensar que lo olvido, el lector sabrá que la lógica no tiene mucho valor en sueños. Así que mientras soy pez, piedra o ave, el fuego arde. Arde y no quema; no obstante, si alguna vez ha quemado, no sabría confirmarlo porque no me ha sido dado en esta cosmogonía el recuerdo para al menos dudarlo.
He escuchado en sueños que cuando se sabe que se sueña significa que está próximo el despertar. Yo me digo a mí mismo que sueño con esperanzas de que al despertar en otro sueño, sea capaz de recordar el anterior; sin embargo, ahora mismo no recuerdo ningún otro sueño, es decir, ningún otra vida.
Le he dicho a Ulrica, la amiga de Borges, que a veces deseo permanecer en el mismo sueño para siempre. Ella siempre contesta lo mismo: “siempre” es una palabra que a los hombres no les está permitido utilizar.
Ella me recuerda lo tramposo y poco original que soy; pero a la vez me consuela pensar que esto es sólo un sueño, un sueño en el que soy tramposo. Y ahora mismo ser tramposo es la última de mis preocupaciones. ¿Qué sería de mí si acaso el ser que me está soñando aparece frente a mí y mientras le explico mi situación se da cuenta de que sueña y se despierta? Seguro, como le dijeron a Alicia, me extingiría como la llama de una vela. Eso es lo que verdaderamente temo: que lo aparentemente cíclico e infinito no lo sea. Allí ya no abría esperanza de llegar a un estado de consciencia total, a una forma de Aleph sobre Aleph sobre Aleph sobre...
Les recuerdo que estos temores están simplemente fundados bajo la visión del cosmos que me ha sido dada recordar. Mis pensamientos, lo que he escuchado y demás tienen una propensión a ser ilusión, espejo, mentira. Y así de fácil se transforma en falsa toda una cosmogonía: como ésta y todas las demás. Pero no olvidemos las verdades falsas y las mentiras verdaderas. No olvidemos. No olvidemos...
domingo, abril 29, 2007
Sobre lo que nos mantiene siendo lo que somos
cuando me olviden seré igual que ustedes:
ingrávido, transparente e invisible.
Ni polvo, ni viento.
jueves, abril 26, 2007
Edmundo Cepeda
Todo me suena a estupidez, no puedo escribirle algo propio de sí a ese amigo que conocí en Sherwood Park. Ninguna oración, párrafo o palabra lo va a traer de vuelta más que como un fantasma en mi recuerdo, una memoria que se irá desgraciadamente borrando. La idea de la muerte me pone como una piedra. Al principio la realidad no quería escribir lo que estaba pensando por miedo a lo que se fuera a pensar o juzgar de lo escrito; pero la realidad es que Edmundo fue un amigo de esos lejanos, de los que no necesitas hablar con ellos para saber que todo está bien. De sólo imaginarlo tirado en el asfalto, porque, seamos realistas, eso fue lo que sucedió. Lo atropeyaron. De sólo imaginarlo solo y temblando de miedo sobre el asfalto se me parte el alma y todo mi cuerpo se transfigura en una sensación metafísica de simpatía, de esa incomunicación que nos mantenía comunicados pero con una fuerza mucho mayor. Puedo recordar lo que le sucedió aunque no haya estado cerca, aunque no lo haya visto; sólo no puedo comprender a dónde se fue después. Sólo hay imágenes y sentimientos que no son míos, pero que algún día lo serán. Quizá no de la misma forma, pero de alguna manera igual. Él, que tiene la chaqueta con amarillo en la fotografía. Él, con el que más de una vez estuve en las montañas nevadas intentando esquiar, él ya es parte de las montañas y esquía, anda en moto y hace todo lo que quiere en todo momento. Ha tenido ya todas las pláticas que quería tener conmigo y con cualquier otro. Ahora es inmortal. Está en mis dedos tecleando; está detrás de mí y no me juzga. Te está mirando al leer y no importa lo que piensas, no te juzga. Te sigue a todos lados, mira lo que haces y no te juzga. Y su presencia resucita cada vez que lo recuerdas, y no te juzga. Sólo se comunica no comunicándose: silencioso como su descanso.
Trunca conductora vida a motociclista
¡No sólo un motociclista, ínfimo escritor de columnas!
Monterrey, México (26 abril 2007).-
El accidente fue reportado a las 20:40 horas en el cruce de Roberto Garza Sada y Río Suchiate, en la Colonia Lomas del Valle.
El hombre fue identificado como Edmundo Gerardo Cepeda Sánchez, de 21 años(no tenía 21 años todavía), quien conducía una motocicleta tipo motocross.
La presunta(¿presunta?) responsable de una camioneta Grand Cherokee fue identificada como Evangelina González.
De acuerdo a Transito de San Pedro, la moto circulaba por Roberto Garza Sada, cuando al llegar al cruce con Río
miércoles, abril 25, 2007
Nosotros: los pelados
Así esconde el mexicano su vacío intelectual. No sabe que lo han descubierto, que ese disfraz sólo lo delata; pero no se cambia el traje. Como un loro, prefiere apartentar lo que no es: imitando. El loro, loro será. Pero el hombre-loro, ése bien perdido y deshumanizado está.
martes, abril 24, 2007
Temblor
Si tuviera una respuesta sería sencillo continuar con una vida llena de seguridad(hasta que me tope con lo mismo, claro); no obstante, todo indica que de aquí en delante la vida se parte en dos: lo que será y lo que pudo haber sido. Y dentro de esa división, teórica e hipotéticamente, existen un sin número de rompimientos y caminos posibles -peores, mejores, incluso mediocres-. Y parece que este tobogán metafísico sólo tiene una salida; pero no sé, no sé. Es siempre bonito creer que si la causa y el efecto. Sin embargo, demasiado tarde: este es el efecto. Y desde el efecto, lo reconozco, es un defecto.
Si en algún momento el tobogán deja de ser tobogán... Si en algún momento el pensamiento deja de ser pensamiento...
lunes, abril 16, 2007
El sistema operativo
domingo, abril 01, 2007
Travesuras IV
Ordinariamente me tiene sin cuidado la cantidad de atención que el lector ocupa mientras lee lo que escribo(las más de las veces mi intención jamás pasa del otro lado); no obstante, me gustaría humildemente pedir de favor a quien esté pasando sus ojos por estas líneas que las evite si no sabe pensar e intuir: perderá su tiempo. Estos precipicios infinitos sólo son para quienes son capaces de escaparse de la realidad. Y... silencio.
“El paisaje visible está ocultando otros paisajes invisibles.” Ortega y Gasset
Siendo/estando/flotando solitariamente sobre/bajo un espacio-tiempo oscuro/invisible/infinito, la máscara de oro está encerrada dentro de una esfera(ésta refleja la máscara infinitamente en todos sus ángulos) que cambia de forma de acuerdo a la volutad de cada individuo que así lo desée. Puede ser vista/intuida/imaginada/atavezada por quien lo haga y sólo fuera de ese espacio-tiempo oscuro/invisible/infinito: principalmente porque el ojo no ve en la oscuridad, ni ve lo invisible y tampoco es capaz de aprehender lo infinito. La máscara tiene una boca, pero es muda; y sin embargo, su silencio lo dice todo. Todo.
Lo que encuentres al intuirla no lo encontrarás mañana. Ni pasado, lo que ayer. Ayer ya no es, y no será hoy. Nunca jamás. Podés usarla y mirar a través de ella.
Yo vi una escena que me rompió; pero no duró: ahora no es ni polvo. Era un anciano sentado en una silla de ruedas, acompañado por su esposa, hijo y nieta en un hospital. Él, con Parkingson, decía algo quizá sin sentido. Sus acompañantes ya no lo tomaban en cuenta, miraban ensimismados la televisión. Su familiar había sido sustituido por un entretenimiento nimio y frío en su totalidad. Antes de que la escena cambiara, escuché decir al viejo: “Lástima que no puedo besar mis propios labios.”
-¿Qué ves aquí? –dijo con seguridad el psicoanalista.
-¿En la mancha? –contesté.
-Sí, en la mancha y sólo en la mancha. –arrogante.
-A don Quijote. –sonreí.
-¿Quién inventó el foco? –me preguntó mientras contaba el tiempo con su reloj, y me sorprendía que no se derretía.
-Doctor, al contar el tiempo de mi respuesta está obligándome a elegir la más breve y objetiva respuesta. Tengo más de una respuesta a esa pregunta, podría decir que primero se le termina la vida a su reloj antes de que termine de narrarle la primera. Quizá busca que yo, como un loro, repita lo que todos a esa pregunta contestan con furiosa avidez, queriéndo soprenderlo. Y así quiere usted que continúe con el análisis... ¡qué barbaridad! Me siento el objeto de estudio de una hormiga y no de una deidad.
Y la escena cambió. Un hombre utilizaba su aliento para decirle a una mujer: La prueba de que te amo está en cuánto creo odiarte. Si te dijera que te amo sólo estaría encubriendo la dicotomía y ambivalencia de mis sentimientos. Entre más te odio conscientemente, más te amo inconscientemente y viceversa.
Luché en vano para quitarme la máscara. Intenté escapar, también en vano. Me resigné y fue la única solución. Me resigné y supe que siempre había tenido la máscara puesta. Era imposible deshacerme de ella, el ponérmela fue sólo un acto que nunca ocurrió: ella me lo dijo todo. Todo.
Seguí andando: por un rumbo que no conozco pero que me espera en su interminable final. El hambre del hombre es eso: hambre de hombre. No, la máscara no es el enano que decide quién aparecerá en los sueños durante la noche. Tampoco es el hermano del enano que decide qué aparecerá en los sueños durante la noche. La organización imposible del universo: tampoco. Y entonces la máscara cambio de forma, tamaño, color y supe sin saber que ya no tenía ninguna de esas características.
O.
viernes, marzo 30, 2007
Del Aleph

Estoy convencido de que el Aleph está en todos los puntos de universo en todo momento. Convencido: el Aleph falso es verdadero. Convencido: Mientras dormimos no sólo tenemos un sueño, ni cinco, sino infinitos sueños; no lo sabemos porque nuestra memoria se va degradando conforme nos salimos de la muerte en pequeño; entonces cuando nacemos en pequeño olvidamos lo que hay una eternidad detrás: que está también una eternidad delante: que a la vez no están más que en un solo punto porque atrás y delante son sólo puntos de referencia para nuestra vida en pequeño. Y nunca recordamos todo lo que vemos en el Aleph. Nunca. Nunca...
miércoles, marzo 28, 2007
Travesuras III

Siempre soy el que se esconde. Si acaso veo que un idiota se va a cruzar en mi camino, yo me voy por otro. Que el vulgo haga lo que el vulgo hace, el individuo superior verá sus grandezas estando solo y sin que sea molestado. El mezquino, en la soledad, sólo encontrará su mezquinidad. ¿Igualdad de derechos? Si no hay igualdad de facultades intelectuales, tampoco que haya de derechos. Cómo le hiere a el vulgo ver la superioridad intelectual... es allí donde más le duele: "hiere por su sola existencia." Para agradarle al vulgo, uno debe ser insípido y limitado. Que el mezquino viva en sus límites deformes. "Pudiera decirse igualmente que cada uno de ellos no es más que una menuda fracción de la idea de la humanidad, necesitando ser adicionado con muchos de sus semejantes para constituir en cierto modo una conciencia humana entera; por el contrario, el que es un hombre completo, un hombre por excelencia, éste no es una fracción; representa una unidad entera y, por consiguiente, se basta a sí mismo." A. Schopenhauer - "Existe más diferencia entre un hombre y otro que entre dos animales de diferente especie." Michel de Montaigne
martes, marzo 27, 2007
Travesuras II

En un momento de inspiración de orden cósmica en la que me hallo delirando de felicidad y cansado de la risa a causa de la mera acción de pensar, sucede que suena el teléfono y me tiro un pedo -signo de que estoy perdiendo la vida- esperando que el olor se inmiscuya por los poros del micrófono y sean transfigurados de alguna manera fantaelectrónica y enviado por esa vía hasta llegar al otro lado, donde un insípido animal espera mi bienaventurada y feliz contestación. Intento ignorar con todos mis poderes sobrehumanos el sonido agraviante que intermitentemente enerva mis nervios, pero me doy por vencido y termino manchando mis calzones, el sillón y la alfombra de caca -prueba de que se me han ido ya muchos años de vida-. Me doy cuenta de que el olor, al contrario de mi creencia común, es espléndido. Nunca había olido algo que me haya hecho sentir tan bien en la vida, ese néctar espeso y delicado que se rompe con el mínimo movimiento es verdaderamente más dulce que la miel. Inhalo hasta desmayarme del éxtasis y sueño que una multitud me mira cubierto de heces mientras felizmente camino por la banqueta de una ciudad y corre asustada; pero viene una luz y entiendo que es Dios, entiendo que me entiende. Comprendo mi divinidad, pruebo la miel que me viste, la beso. Despierto, recuerdo el teléfono, lo lleno de caca, lo desconecto y lo cuelgo en la puerta de mi casa. Entiendo que es el hijo de Dios crucificado. Entiendo que yo soy Dios y que el agraviante teléfono un hijo que no quiero, y la caca, su hermana, a quien adoro con todo mi corazón. Salgo a la calle desnudo y grito: "¡Gracias, amigo Dalí! ¡Olé!"
domingo, marzo 25, 2007
Travesuras I

En varios lugares de algunas mentes, de cuyos nombres nadie puede acordarse, no ha mucho tiempo que un viejo bibliotecario ocultó un libro metafísico muy importante. No existe traducción, sólo es posible apuntar débilmente con el dedo índice una que otra idea y decir: "Allí está." Mientras caminaba entre los altísimos pastillos que no dejaban ver el cielo por obra y gracia del adjetivo divino ya utilizado, me encontré con este ser -si así se le puede llamar-, le quise preguntar acerca del libro oculto -las palabras no encontraban camino- hasta que lo único que pude verbalizar fue una invitación. Le dije que conocía, en uno de los rincones del lugar, una telaraña en donde la creadora anda cazando su libro. Él lo sabe perfectamente, algunos libros cobran vida y vuelan como mariposas. Todos los libros perdidos, le dije, ella los está leyendo con sus ocho ojos y no dudo que dentro de poco encuentre el tuyo: el oculto. Eso no va a suceder, aclaró, he tomado las precauciones necesarias. El libro metafísico oculto es invisible, no por ser metafísico -algunas metafísicas son más reales que el golpe de un gigante- y esa araña es incapaz de verla. Ahora mismo, el libro es precisamente una oruga y se alimenta de las hojas de sus hermanos muertos. Le falta quién sabe cuánta madurez para encapullarse, y quién sabe cuántas generaciones de viejos muertos para renacer. Lo último que dijo me dobló las rodillas, perdí la fuerza y desperté de sobresalto en otro sueño, era algo así como: "Allí está."