jueves, octubre 25, 2007

Adorno

-Me gusta ese adorno.
-Qué extraño que hayas utilizado esa palabra, adorno.
-¿Por qué?
-Dos razones: una, no es un adorno, sino una obra de arte; dos, hay un filósofo que se llamó Theodor W. Adorno.
-¿Y eso qué?
-Bueno, pues cuando dijiste “adorno”, no pude evitar recordar lo que pensaba él sobre el arte. Para él, el arte es una especie de razón, imagínate, decía que cada obra de arte es coherente en sí, porque cada una de ellas, es el resultado de una construcción racional. Cada obra es autónoma, en sí misma está cimentada. ¿Paradójico, no?
-Estúpido, sí. Paradójico, no.
-Puede ser, aunque si tu propia estupidez es la que te enseñó a distinguir lo que es de lo que no, dudo mucho que lo sea.
-¿Qué?
-A eso me refería.

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