domingo, abril 29, 2007

Sobre lo que nos mantiene siendo lo que somos

Fantasmas generados y hechos de recuerdo,
cuando me olviden seré igual que ustedes:
ingrávido, transparente e invisible.
Ni polvo, ni viento.
O.

jueves, abril 26, 2007

Edmundo Cepeda

Tengo su número de celular grabado en el mío desde que lo conocí. Y ahora, ¿cómo comunicarme con él? Su número ya no me sirve; él se ha transformado en más de una lágrima. Y ellas gritan terriblemente todo aquello que nunca jamás podrá volver a suceder. Edmundo despertó; pero no ha olvidado el sueño -la prueba está en que seguimos aquí, nos sigue soñando-. Cuando nos deje de soñar, nos extingiremos como se apaga una vela: y el humo, que es rastro, que es recuerdo, finalmente se esfumará en el viento.

Todo me suena a estupidez, no puedo escribirle algo propio de sí a ese amigo que conocí en Sherwood Park. Ninguna oración, párrafo o palabra lo va a traer de vuelta más que como un fantasma en mi recuerdo, una memoria que se irá desgraciadamente borrando. La idea de la muerte me pone como una piedra. Al principio la realidad no quería escribir lo que estaba pensando por miedo a lo que se fuera a pensar o juzgar de lo escrito; pero la realidad es que Edmundo fue un amigo de esos lejanos, de los que no necesitas hablar con ellos para saber que todo está bien. De sólo imaginarlo tirado en el asfalto, porque, seamos realistas, eso fue lo que sucedió. Lo atropeyaron. De sólo imaginarlo solo y temblando de miedo sobre el asfalto se me parte el alma y todo mi cuerpo se transfigura en una sensación metafísica de simpatía, de esa incomunicación que nos mantenía comunicados pero con una fuerza mucho mayor. Puedo recordar lo que le sucedió aunque no haya estado cerca, aunque no lo haya visto; sólo no puedo comprender a dónde se fue después. Sólo hay imágenes y sentimientos que no son míos, pero que algún día lo serán. Quizá no de la misma forma, pero de alguna manera igual. Él, que tiene la chaqueta con amarillo en la fotografía. Él, con el que más de una vez estuve en las montañas nevadas intentando esquiar, él ya es parte de las montañas y esquía, anda en moto y hace todo lo que quiere en todo momento. Ha tenido ya todas las pláticas que quería tener conmigo y con cualquier otro. Ahora es inmortal. Está en mis dedos tecleando; está detrás de mí y no me juzga. Te está mirando al leer y no importa lo que piensas, no te juzga. Te sigue a todos lados, mira lo que haces y no te juzga. Y su presencia resucita cada vez que lo recuerdas, y no te juzga. Sólo se comunica no comunicándose: silencioso como su descanso.
O.

De elnorte.com
Trunca conductora vida a motociclista
¡No sólo un motociclista, ínfimo escritor de columnas!

Monterrey, México (26 abril 2007).-
Un motociclista sampetrino(inmortal) perdió la vida(despertó) al chocar su frágil(indestructible) vehículo contra una camioneta que no respetó un señalamiento de alto, en San Pedro.

El accidente fue reportado a las 20:40 horas en el cruce de Roberto Garza Sada y Río Suchiate, en la Colonia Lomas del Valle.

El hombre fue identificado como Edmundo Gerardo Cepeda Sánchez, de 21 años(no tenía 21 años todavía), quien conducía una motocicleta tipo motocross.

La presunta(¿presunta?) responsable de una camioneta Grand Cherokee fue identificada como Evangelina González.

De acuerdo a Transito de San Pedro, la moto circulaba por Roberto Garza Sada, cuando al llegar al cruce con Río
Suchiate la camioneta circulaba de norte a sur, se atravesó a su paso, causando el accidente.

Hora de publicación: 21:41

miércoles, abril 25, 2007

Nosotros: los pelados

¿Metafísica? ¿Matemática? ¿Ciencia? ¿Filosofía? ¡Cállate! Yo no tengo eso, yo puros huevitos. Aquí yo soy tu padre y todas esas cosas no valen.

Así esconde el mexicano su vacío intelectual. No sabe que lo han descubierto, que ese disfraz sólo lo delata; pero no se cambia el traje. Como un loro, prefiere apartentar lo que no es: imitando. El loro, loro será. Pero el hombre-loro, ése bien perdido y deshumanizado está.
O.

martes, abril 24, 2007

Temblor

De sólo mover mis recuerdos con el pie, como si una pelota, quedo inerte y sin más sentimiento que la vergüenza. El final se repite con el movimiento, y regresa la sensación: congelado. Todo gracias al último pensamiento, a la pregunta: ¿Lo harás o no?
Si tuviera una respuesta sería sencillo continuar con una vida llena de seguridad(hasta que me tope con lo mismo, claro); no obstante, todo indica que de aquí en delante la vida se parte en dos: lo que será y lo que pudo haber sido. Y dentro de esa división, teórica e hipotéticamente, existen un sin número de rompimientos y caminos posibles -peores, mejores, incluso mediocres-. Y parece que este tobogán metafísico sólo tiene una salida; pero no sé, no sé. Es siempre bonito creer que si la causa y el efecto. Sin embargo, demasiado tarde: este es el efecto. Y desde el efecto, lo reconozco, es un defecto.
Si en algún momento el tobogán deja de ser tobogán... Si en algún momento el pensamiento deja de ser pensamiento...
O.

lunes, abril 16, 2007

El sistema operativo

¿Cuál es el sistema operativo de la mente? Una vez detectado, puede uno desinstalarlo e inventarse uno nuevo. Quienes han hecho esto, sin saberlo, han encontrado la llave que lleva a la genialidad. Sin embargo, existen, como en todas las cosas, perezosos que al pasar por la puerta, se pierden y no saben cómo regresar. Y será quizá por eso que la locura y la genialidad se encuentran tan estrechamente relacionadas: la puerta es la misma; el camino: distinto. De las palabras de Antonio Machado: "ahora hacemos camino al andar."
O.

domingo, abril 01, 2007

Travesuras IV

Ordinariamente me tiene sin cuidado la cantidad de atención que el lector ocupa mientras lee lo que escribo(las más de las veces mi intención jamás pasa del otro lado); no obstante, me gustaría humildemente pedir de favor a quien esté pasando sus ojos por estas líneas que las evite si no sabe pensar e intuir: perderá su tiempo. Estos precipicios infinitos sólo son para quienes son capaces de escaparse de la realidad. Y... silencio.

“El paisaje visible está ocultando otros paisajes invisibles.” Ortega y Gasset

Siendo/estando/flotando solitariamente sobre/bajo un espacio-tiempo oscuro/invisible/infinito, la máscara de oro está encerrada dentro de una esfera(ésta refleja la máscara infinitamente en todos sus ángulos) que cambia de forma de acuerdo a la volutad de cada individuo que así lo desée. Puede ser vista/intuida/imaginada/atavezada por quien lo haga y sólo fuera de ese espacio-tiempo oscuro/invisible/infinito: principalmente porque el ojo no ve en la oscuridad, ni ve lo invisible y tampoco es capaz de aprehender lo infinito. La máscara tiene una boca, pero es muda; y sin embargo, su silencio lo dice todo. Todo.

Lo que encuentres al intuirla no lo encontrarás mañana. Ni pasado, lo que ayer. Ayer ya no es, y no será hoy. Nunca jamás. Podés usarla y mirar a través de ella.

Yo vi una escena que me rompió; pero no duró: ahora no es ni polvo. Era un anciano sentado en una silla de ruedas, acompañado por su esposa, hijo y nieta en un hospital. Él, con Parkingson, decía algo quizá sin sentido. Sus acompañantes ya no lo tomaban en cuenta, miraban ensimismados la televisión. Su familiar había sido sustituido por un entretenimiento nimio y frío en su totalidad. Antes de que la escena cambiara, escuché decir al viejo: “Lástima que no puedo besar mis propios labios.”

-¿Qué ves aquí? –dijo con seguridad el psicoanalista.

-¿En la mancha? –contesté.

-Sí, en la mancha y sólo en la mancha. –arrogante.

-A don Quijote. –sonreí.

-¿Quién inventó el foco? –me preguntó mientras contaba el tiempo con su reloj, y me sorprendía que no se derretía.

-Doctor, al contar el tiempo de mi respuesta está obligándome a elegir la más breve y objetiva respuesta. Tengo más de una respuesta a esa pregunta, podría decir que primero se le termina la vida a su reloj antes de que termine de narrarle la primera. Quizá busca que yo, como un loro, repita lo que todos a esa pregunta contestan con furiosa avidez, queriéndo soprenderlo. Y así quiere usted que continúe con el análisis... ¡qué barbaridad! Me siento el objeto de estudio de una hormiga y no de una deidad.

Y la escena cambió. Un hombre utilizaba su aliento para decirle a una mujer: La prueba de que te amo está en cuánto creo odiarte. Si te dijera que te amo sólo estaría encubriendo la dicotomía y ambivalencia de mis sentimientos. Entre más te odio conscientemente, más te amo inconscientemente y viceversa.

Luché en vano para quitarme la máscara. Intenté escapar, también en vano. Me resigné y fue la única solución. Me resigné y supe que siempre había tenido la máscara puesta. Era imposible deshacerme de ella, el ponérmela fue sólo un acto que nunca ocurrió: ella me lo dijo todo. Todo.

Seguí andando: por un rumbo que no conozco pero que me espera en su interminable final. El hambre del hombre es eso: hambre de hombre. No, la máscara no es el enano que decide quién aparecerá en los sueños durante la noche. Tampoco es el hermano del enano que decide qué aparecerá en los sueños durante la noche. La organización imposible del universo: tampoco. Y entonces la máscara cambio de forma, tamaño, color y supe sin saber que ya no tenía ninguna de esas características.

O.