viernes, marzo 30, 2007

Del Aleph


Estoy convencido de que el Aleph está en todos los puntos de universo en todo momento. Convencido: el Aleph falso es verdadero. Convencido: Mientras dormimos no sólo tenemos un sueño, ni cinco, sino infinitos sueños; no lo sabemos porque nuestra memoria se va degradando conforme nos salimos de la muerte en pequeño; entonces cuando nacemos en pequeño olvidamos lo que hay una eternidad detrás: que está también una eternidad delante: que a la vez no están más que en un solo punto porque atrás y delante son sólo puntos de referencia para nuestra vida en pequeño. Y nunca recordamos todo lo que vemos en el Aleph. Nunca. Nunca...

O.

miércoles, marzo 28, 2007

Travesuras III


Siempre soy el que se esconde. Si acaso veo que un idiota se va a cruzar en mi camino, yo me voy por otro. Que el vulgo haga lo que el vulgo hace, el individuo superior verá sus grandezas estando solo y sin que sea molestado. El mezquino, en la soledad, sólo encontrará su mezquinidad. ¿Igualdad de derechos? Si no hay igualdad de facultades intelectuales, tampoco que haya de derechos. Cómo le hiere a el vulgo ver la superioridad intelectual... es allí donde más le duele: "hiere por su sola existencia." Para agradarle al vulgo, uno debe ser insípido y limitado. Que el mezquino viva en sus límites deformes. "Pudiera decirse igualmente que cada uno de ellos no es más que una menuda fracción de la idea de la humanidad, necesitando ser adicionado con muchos de sus semejantes para constituir en cierto modo una conciencia humana entera; por el contrario, el que es un hombre completo, un hombre por excelencia, éste no es una fracción; representa una unidad entera y, por consiguiente, se basta a sí mismo." A. Schopenhauer - "Existe más diferencia entre un hombre y otro que entre dos animales de diferente especie." Michel de Montaigne
O.

martes, marzo 27, 2007

Travesuras II


En un momento de inspiración de orden cósmica en la que me hallo delirando de felicidad y cansado de la risa a causa de la mera acción de pensar, sucede que suena el teléfono y me tiro un pedo -signo de que estoy perdiendo la vida- esperando que el olor se inmiscuya por los poros del micrófono y sean transfigurados de alguna manera fantaelectrónica y enviado por esa vía hasta llegar al otro lado, donde un insípido animal espera mi bienaventurada y feliz contestación. Intento ignorar con todos mis poderes sobrehumanos el sonido agraviante que intermitentemente enerva mis nervios, pero me doy por vencido y termino manchando mis calzones, el sillón y la alfombra de caca -prueba de que se me han ido ya muchos años de vida-. Me doy cuenta de que el olor, al contrario de mi creencia común, es espléndido. Nunca había olido algo que me haya hecho sentir tan bien en la vida, ese néctar espeso y delicado que se rompe con el mínimo movimiento es verdaderamente más dulce que la miel. Inhalo hasta desmayarme del éxtasis y sueño que una multitud me mira cubierto de heces mientras felizmente camino por la banqueta de una ciudad y corre asustada; pero viene una luz y entiendo que es Dios, entiendo que me entiende. Comprendo mi divinidad, pruebo la miel que me viste, la beso. Despierto, recuerdo el teléfono, lo lleno de caca, lo desconecto y lo cuelgo en la puerta de mi casa. Entiendo que es el hijo de Dios crucificado. Entiendo que yo soy Dios y que el agraviante teléfono un hijo que no quiero, y la caca, su hermana, a quien adoro con todo mi corazón. Salgo a la calle desnudo y grito: "¡Gracias, amigo Dalí! ¡Olé!"
O.

domingo, marzo 25, 2007

Travesuras I


En varios lugares de algunas mentes, de cuyos nombres nadie puede acordarse, no ha mucho tiempo que un viejo bibliotecario ocultó un libro metafísico muy importante. No existe traducción, sólo es posible apuntar débilmente con el dedo índice una que otra idea y decir: "Allí está." Mientras caminaba entre los altísimos pastillos que no dejaban ver el cielo por obra y gracia del adjetivo divino ya utilizado, me encontré con este ser -si así se le puede llamar-, le quise preguntar acerca del libro oculto -las palabras no encontraban camino- hasta que lo único que pude verbalizar fue una invitación. Le dije que conocía, en uno de los rincones del lugar, una telaraña en donde la creadora anda cazando su libro. Él lo sabe perfectamente, algunos libros cobran vida y vuelan como mariposas. Todos los libros perdidos, le dije, ella los está leyendo con sus ocho ojos y no dudo que dentro de poco encuentre el tuyo: el oculto. Eso no va a suceder, aclaró, he tomado las precauciones necesarias. El libro metafísico oculto es invisible, no por ser metafísico -algunas metafísicas son más reales que el golpe de un gigante- y esa araña es incapaz de verla. Ahora mismo, el libro es precisamente una oruga y se alimenta de las hojas de sus hermanos muertos. Le falta quién sabe cuánta madurez para encapullarse, y quién sabe cuántas generaciones de viejos muertos para renacer. Lo último que dijo me dobló las rodillas, perdí la fuerza y desperté de sobresalto en otro sueño, era algo así como: "Allí está."
O.