viernes, octubre 19, 2007
Intuición estética entre intuiciones estéticas número indescifrable
Era una de esas tardes comunes en las que te encuentras pedazos de la traducción del sonido de una trompeta por la calle, dulzura transfigurada, entre otros disfraces que se disfrazan a sí mismos. Surgió la nota que era varias notas a la vez, su agudez variaba y la reacción normal del cuerpo es sacar la roncha, apenas te pica la nota ya sientes la comezón y si te has comido las uñas pronto deseas no haberlo hecho. Pero la roncha, parte milimétrica de la trompeta, del violín, de las notas que ni son notas y sus cualidades violan con la precisa violencia que los oídos requieren la parte más tú de mí. El espacio de tiempo que requiere sólo de tiempo y no de espacio, aquello que se halla en otro lado, metaalcanzable: separá las palabras y vaya contradicción. Todo se perdió cuando di el siguiente paso, olvidé lo que pensé en el instante y la trompeta y el piano y todo mero disfraz del pensamiento verdadero, camuflaje de un sentimiento que esconde a su vez razones más pequeñas y que todavía no tienen nombre.
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